- Jonathan es el animal terrestre más viejo del mundo, con una edad aproximada de 194 años.
- El estudio descubrió que Jonathan posee múltiples variantes genéticas asociadas al envejecimiento.
- El genoma de Jonathan muestra una característica de baja entropía de metilación vinculada a la longevidad.
- El equipo de investigación formuló sus conclusiones con cautela, subrayando que la transcripción genética de alta fidelidad podría estar relacionada con la longevidad.
Los científicos han completado la secuenciación del genoma de Jonathan (Jonathan), una tortuga gigante de Aldabra de aproximadamente 194 años, el animal terrestre más viejo conocido, con el objetivo de explorar las claves genéticas y epigenéticas de su extraordinaria longevidad. La investigación realizada por Benjamin Vaisvil y sus colegas descubrió que Jonathan porta variantes genéticas asociadas a múltiples vías de envejecimiento conocidas. Las tortugas gigantes de Aldabra son conocidas por su longevidad, pero la edad de Jonathan supera en unos 100 años el límite típico de su especie.
Los análisis previos indicaban que ese límite era de 93.68 años. Jonathan vive en la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur.
El equipo de investigación comparó a Jonathan con una tortuga gigante de Aldabra de 36 años criada en cautiverio llamada Tank (Tank), y construyó un genoma de referencia a partir del ADN de Tank. La obtención del ADN de Jonathan requirió consideraciones cuidadosas. Debido a la preocupación por su salud y su estatus emblemático en Santa Elena, no se autorizó la extracción de sangre. Los investigadores optaron por recoger hisopados bucales y saliva, atrayéndolo con comida para que abriera la boca.
La singularidad del genoma de Jonathan
El genoma de Jonathan contiene variantes relacionadas con la reparación del ADN, el mantenimiento de los telómeros, la regulación de la insulina, la función mitocondrial y el cáncer, según informó el equipo de investigación. Los investigadores identificaron 770 genes que muestran señales de selección positiva en Jonathan. Estos genes se concentran principalmente en la reparación del ADN, la función mitocondrial, la regulación de la insulina, la respuesta al estrés oxidativo y la contracción cardíaca. Jonathan comparte varias variantes genéticas vinculadas a la reparación del ADN, la función telomérica, la regulación de la insulina y la función mitocondrial con la tortuga gigante de Galápagos Lonesome George (Lonesome George), estudiada anteriormente.
Además, posee 287 variantes genéticas exclusivas de él, entre las que se encuentran genes de reparación del ADN y un gen relacionado con la telomerasa.
Jonathan también presenta copias adicionales de ciertos genes. Uno de ellos, LAMTOR4, contribuye a regular la vía mTOR, que el artículo describe como desempeñando un papel clave en la longevidad humana. Su gen de la perforina tiene 10 copias, mientras que Lonesome George solo tiene 7. La perforina es utilizada por las células inmunitarias para eliminar células diana, y los autores sugieren que las copias extra podrían reforzar la vigilancia frente a células senescentes y cancerosas.
La relación entre la entropía de metilación y la longevidad
Vaisvil y sus colegas también analizaron el metiloma de Jonathan, es decir, el conjunto de la metilación en su genoma. La metilación consiste en la adición de pequeñas marcas químicas de metilo al ADN, lo que influye en la expresión génica. La entropía de metilación es un marcador del envejecimiento. Con el tiempo, las variaciones aleatorias en los patrones de metilación se acumulan, aumentando la entropía de metilación. El análisis reveló que, en promotores específicos de genes vinculados a la función mitocondrial, el procesamiento del ARN y la reparación del genoma, Jonathan presenta una entropía de metilación más baja. Los investigadores señalan que las regiones de baja entropía de metilación observadas “sugieren que la transcripción de alta fidelidad de los genes en estas vías es crucial para las especies longevas”.
El equipo de investigación comparó a Jonathan con otras cuatro tortugas gigantes de Aldabra, cuyas edades oscilaban entre 5 años, una cría, y ejemplares adultos mayores. En comparación con la cría, Jonathan mostraba una metilación global más baja. Los investigadores formularon sus conclusiones con cautela, indicando que estos hallazgos “sugieren” el papel de la transcripción genética de alta fidelidad en la longevidad, sin demostrarlo. El estudio se publicó por primera vez en Science Advances.
Las implicaciones del estudio del genoma de Jonathan para la longevidad
El estudio del genoma de Jonathan revela los posibles mecanismos genéticos subyacentes a la longevidad, en particular las variantes genéticas asociadas al envejecimiento y los patrones de metilación. Estos hallazgos no solo amplían nuestra comprensión de la tortuga gigante de Aldabra, sino que también pueden ofrecer pistas importantes para la investigación de la longevidad en otras especies. La investigación subraya el posible papel de la alta fidelidad en la expresión génica en la longevidad, lo que tiene una relevancia significativa para futuros estudios sobre el envejecimiento y la exploración de un envejecimiento saludable.

